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Noticias y Comentarios de interés para los Amigos de la Antártida

lunes, agosto 23, 2004

Guerra Fria

EL LAGO VOSTOK: UN TUBO DE ENSAYOS GIGANTESCO
Guerra fría en el hielo
Por Esteban Magnani
Publicado en Página 12
http://www.pagina12web.com.ar/
23 agosto 2004

La disputa que envuelve a científicos de varios países pero, sobre todo, rusos y estadounidenses, es complicada aunque no parece que vaya a terminar en nada comparable con la Guerra Fría. En este caso la discusión no pasa por si el capitalismo o el comunismo es el mejor sistema para la humanidad, sino por saber si hay vida en el gigantesco lago Vostok que se encuentra en las profundidades de la Antártida.
La discusión tiene su relevancia ya que los estudios que se están haciendo en el lago –que está cubierto por una gigantesca capa de hielo de kilómetros de espesor y no tiene contacto con la atmósfera desde hace unos 15 millones de años– amenazan con contaminarlo con microbios externos. Mientras el debate sigue, los rusos, luego de perforar cerca de 4 km de hielo, amenazan con recorrer los últimos 130 metros que llevan a la superficie líquida del lago. Los dilemas en torno del Vostok no son pocos y uno no menor es que se trata de una de las pocas fronteras hacia lo desconocido que existe para la ciencia humana en nuestro planeta: es uno de los escasos secretos vírgenes que parece reservar la Tierra.
Hay ciertos experimentos que hechos con rigurosidad llevarían toda la vida no ya de un científico, sino de toda la existencia de la humanidad. Justamente, el valor del lago Vostok es el de ser un tubo de ensayo natural tan aislado como si estuviera en un laboratorio, en el que se puede comprobar la versatilidad de la vida. Pese a que en la escuela enseñan que el comienzo de cualquier cadena ecológica está en el Sol, en realidad existen varias excepciones, como la que proviene de unas cuevas cercanas al Mar Negro, en Rumania. Allí, pese a su aislamiento del exterior, se encontraron microbios que vivían de la síntesis de elementos –a priori, tan poco amigables con la vida– como el azufre. Este tipo de hallazgos abre las esperanzas de que a más de 4 km debajo del hielo antártico la vida demuestre, una vez más, su creatividad (y la teoría de la evolución, su poder, lo que es prácticamente lo mismo).

Un lago escondido
En 1957 los rusos (entonces soviéticos) instalaron una base en la Antártida, muy cerca del Polo Sur y a unos mil kilómetros de la costa más cercana; allí se registró la temperatura atmosférica más baja de todos los tiempos: -89º C. En 1970 un avión inglés que sobrevolaba la región detectó que bajo la costra de hielo antártico había una masa enorme de agua. Veinte años más tarde los satélites confirmaron que, efectivamente, había un gigantesco lago de más de 14.000 km2 y hasta 800 metros de profundidad. Los estudios subsiguientes indicaron que hace unos 25 o 15 millones de años, cuando la Antártida terminó de separarse de América del Sur y quedó aislada térmicamente a causa de las corrientes marinas, la depresión que hoy forma el lecho del lago acumuló hielo lentamente hasta alcanzar varios kilómetros de espesor. El hielo inferior comenzó a derretirse gracias a que el manto de hielo retuvo (y retiene aún) el calor proveniente del centro del planeta o, posiblemente, de aguas termales. Hasta allí todos los científicos están más o menos de acuerdo.Lo que sí es materia de discusión es la posibilidad de que allí abajo, escondida del Sol, en un agua probablemente saturada por el oxígeno, con una presión inimaginable y con temperaturas terriblemente bajas, pueda existir algún tipo de vida, ya sea totalmente original o que haya evolucionado en formas inesperadas. La controversia ha paralizado a un equipo internacional de investigadores que lleva más de una década perforando el hielo para estudiar cómo fue el clima de los últimos cientos de miles de años y cuyas evidencias se “congelaron” en aquel entonces. Ahora, cuando el agujero llega muy cerca de la superficie del lago, se ha generado una división entre quienes quieren seguir y quienes no. La causa es una muestra obtenida de las profundidades heladas que, se cree, fueron alguna vez agua líquida del lago y donde se encontró un puñado de microbios; según los expertos rusos y franceses, provienen de las perforadoras o de las 50 toneladas de kerosene que se utilizan para evitar que el agujero vuelva a cerrarse. Como prueba más fehaciente del origen externo de los microbios citan que la vida en semejantes condiciones es imposible, algo que, justamente, discuten sus opositores, sobre todo norteamericanos para quienes no sería ni mucho menos, el primer caso de bacterias extremófilas, es decir, que se adaptaron a condiciones supuestamente imposibles para la vida. De hecho si se descubriera que allí no reside ninguna forma de vida, se trataría del primer caso de tal ausencia en agua. Lo llamativo es que ambos grupos encuentran la misma evidencia para sostener hipótesis opuestas.

Todos quieren el tubo
Los rusos insisten en seguir con el poco “ecológico” sistema de perforación y aseguran que, aun en el caso de que haya vida, no hay peligro de contaminarla ya que la presión misma del lago impediría que ningún fluido se mezcle con el agua. Por otra parte la NASA ha decidido meterse en el asunto: las características de temperatura y presión del lago son prácticamente las mismas que las del satélite de Júpiter llamado Europa, uno de los objetos que planean investigar en busca de vida. La agencia norteamericana ofreció un pequeño excavador llamado “cryobot” que pensaba probar en los polos marcianos y que derrite el hielo a su paso mientras se autoesteriliza, es decir, ideal para meterse en las entrañas de la Antártida sin contaminar las muestras. El pequeño investigador robot ya se metió a unos 20 metros de profundidad en una isla noruega y está en lista de espera para una misión que lo deposite en el polo marciano.
Muchos más están queriendo aprovechar el gigantesco tubo de ensayos que es el lago Vostok para contrastar sus propias teorías y disciplinas y quieren que los rusos se detengan hasta que se consensúe un mecanismo de perforación más aséptico. Lo ideal para los menos ansiosos es esperar hasta el Año Polar Internacional de 2007/8, en el que se apunta a estimular fuertemente la investigación en el continente blanco. El que realmente aproveche la ocasión será sin duda un privilegiado por poder utilizar un tubo de ensayos de semejante escala.

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