lunes, enero 17, 2005

Retorna expedición chilena al Polo Sur

Retorna expedición chilena al Polo Sur
http://www.elmercurio.cl
Punta Arenas: 10 de enero de 2005

SOFANOR CERPA

Sanos y con muestras de hielo, los expedicionarios llegaron ayer a Punta Arenas a bordo del avión Hércules C-130.
Foto:CRISTIÁN CÁCERES

Con gran satisfacción, científicos y militares regresaron al continente, tras permanecer por más de dos meses en la Antártida.

Con la llegada a esta ciudad concluyó ayer la Primera Expedición Científica Conjunta al Polo Sur, que permaneció en la Antártida poco más de dos meses. Su más importante misión: estudiar el cambio climático y el calentamiento.

Gracias a una alianza entre el Centro de Estudios Científicos de Valdivia (CECS), las Fuerzas Armadas y el Ministerio de Defensa, Chile se convirtió en el primer país de Latinoamérica que, con recursos propios, logró realizar una exploración de las características de la que acaba de concluir.

La expedición se inició el pasado 2 de noviembre desde Punta Arenas. Estuvo integrada por 41 personas, 13 de las cuales efectuaron la travesía al Polo Sur, mientras que las restantes, 20 eran funcionarios de la Fuerza Aérea, dos del Centro de Estudios Científicos de Valdivia y seis del Ejército, permanecieron como apoyo en la base de Patriot Hills, a unos tres mil kilómetros de Punta Arenas.

Mil 200 kilómetros recorrieron los expedicionarios hasta el polo, en un tractor Berco TL-6 de origen sueco, donde viajaron seis científicos del CECS; seis especialistas del Ejército, y un logístico en alimentación.

Hielos con memoria

El objetivo del proyecto era concretar una serie de estudios científicos relacionados con el cambio climático.

El glaciólogo Gino Casassa, director científico de la expedición y miembro del CECS, manifestó que desde el inicio de la travesía, desde Patriot Hills al Polo Sur, se trabajó con equipo de alta resolución del tipo radar que funcionó permanentemente midiendo el espesor de los hielos.

Casassa agregó que también se llevaron equipos GPS para la localización precisa de los datos del radar, como también de la superficie del hielo.

Recogieron muestras de nieve superficial cada 10 kilómetros. Hicieron mediciones de gravedad terrestre y de densidad de nieve cada 20 kilómetros, donde se iba dejando una baliza instalada para contrastar datos de ida y de regreso del polo.

Casassa expresó que todavía no hay resultados preliminares, ya que todo requerirá de un largo procesamiento e interpretación de los datos y las muestras recogidas. Precisó que parte de los antecedentes podrán ser analizados en los próximos meses. "En lo que respecta a las muestras de hielo obtenidas en el polo tendrán que ir a laboratorios especializados en Europa, Brasil, Argentina y Chile, lo que demorará más de un año", dijo.

El glaciólogo de CECS explicó que uno de los objetivos principales de la expedición es conocer el cambio climático en detalle de los últimos 200 años, es decir, desde la Revolución Industrial, momento en que el hombre comenzó a afectar y alterar la composición de la atmósfera.

Los hielos son un verdadero libro abierto frente al clima. Son uno de los mejores archivos climáticos y de muy alta resolución, en donde se preservan las características de la atmósfera actual y sobre todo del pasado.

En cuanto a la experiencia de trabajar con personal militar, Casassa manifestó que fue "magnífica", y que esto abre una interesante oportunidad de continuar este tipo de travesías.

El director científico señaló que la expedición tuvo un costo de 2 millones de dólares, lo que es relativamente barato, por los aportes del Ejército y la Fach considerando que si hubiera sido privada el costo hubiese sido cinco veces mayor. El director operativo de la expedición, comandante del Ejército Lorenzo Urrutia, señaló que la expedición tuvo más de un año de preparación, entre lo que se consideró la adquisición de material logístico especializado.

Dijo que la travesía al polo resultó exitosa. Aunque acompañados del terreno y el clima, no tuvieron mayores problemas. "El grupo militar y científico se compenetró en una muy buena convivencia", acotó.

Urrutia precisó que la travesía desde el campamento base al polo, ida y regreso, totalizó unos dos mil 500 kilómetros, avanzando de 100 a 120 kilómetros diarios.

Explicó que alcanzaron la meta en 18 días, permaneciendo ocho en el polo y que el retorno a Patriot Hills se llevó a cabo en 23 días. La carga trasladada al polo fue de 21 toneladas, entre combustible, alimentación y equipos científicos. Partieron 700 metros sobre el nivel del mar y llegaron a tres mil metros.

Sobre las vivencias durante la travesía, manifestó que al tener luz permanente, se pierde la referencia del tiempo y que, por lo tanto, se guiaban más por objetivos que por días de trabajo. Expresó que teniendo luz durante todo el día se pierde la costumbre de dormir a ciertas horas.

Además, el comandante del Ejército relató que en el polo hay una estación científica extranjera, donde tenían acceso a Internet entre las 02:00 y las 06:00 horas.

Contó también que tenían dos comidas diarias, una al levantarse con un almuerzo contundente y otra al término de la jornada con una cena más liviana. El vehículo tenía cocina, horno y refrigerador, lo que les permitió preparar sus alimentos tal cual se hace en la vida cotidiana.

Sobrevivencia

En cuanto al abastecimiento del agua, dijo que ello es siempre un problema en la Antártida, pues este recurso no existe en esa zona del planeta, es sólo hielo.

El comandante Urrutia dijo que esto fue solucionado gracias a un mecanismo que les permitía producir 150 litros de agua caliente por hora, la que incluso les alcanzaba para ducharse. En definitiva expresó que trataron de hacer lo más normal posible la estadía en el territorio antártico

Los expedicionarios permanecerán hasta mañana en Punta Arenas para luego trasladarse a sus ciudades de origen.

PARADIGMA

EL CAMBIO climático anuncia que la Tierra se calienta a un ritmo 50 veces más rápido, al menos desde hace un millón de años.

BITÁCORA

2 NOV.

El Presidente Ricardo Lagos despide a la expedición en el aeródromo Carlos Ibáñez del Campo en Punta Arenas. A la ceremonia asisten el ministro de Defensa, Jaime Ravinet y representantes de la Armada.

6 NOV.

Con el apoyo de dos aviones Hércules C-130, la expedición se dirige a Patriot Hills para dejar parte del equipamiento necesario de la travesía y el personal de apoyo que se mantuvo en la base como punto fijo.

11 NOV.

A bordo de la nave "Valdivia Belle", la tripulación viaja desde Punta Arenas a Patriot Hills, junto al todo terreno TL-6, tractor seleccionado para transportar a los expedicionarios a través del Polo Sur.

12 NOV.

Las condiciones climáticas son malas, con fuertes ventiscas. Se instala el generador y se pone a prueba el radar.

13 NOV.

A las 18:54 horas, la expedición parte rumbo al Polo Sur en el TL-6.

16 NOV.

La expedición avanza hasta el paralelo 82. Realizan las primeras mediciones científicas.

20 NOV.

Se realiza el primer contacto mediante teléfonos satelitales. La expedición cubre la mitad del trayecto. Celebraron con whisky sour y un partido de volleyball. Observan la topografía. La sensación es semejante a la de navegar una semana y avistar una isla, pero más dramática porque el mar es estático e invariable"; dijeron.

22 NOV.

Debido a las pronunciadas pendientes, los tripulantes desarmaron el convoy. Subieron la zona por partes. Se hallan a menos de 4 grados del polo. El radar detecta profundidades de hielo superiores a los 3 mil metros.

25 NOV.

Día de peligro. La tripulación logra sortear grandes dunas de nieve y grietas de 20 metros. Luego, un frente de mal tiempo dejó a los expedicionarios con visibilidad cero. Pernoctaron en el lugar.

27-28 NOV.

Lenta navegación por el Polo producto de la nieve blanda y desperfectos mecánicos. Celebran con velas, plato de fondo y postre el cruce del paralelo 89. Temperatura de menos 21 grados Celsius.

01 DIC.

La bandera chilena flamea en el Polo Sur, promesa de la expedición que ayer arribó en Punta Arenas.

2 comentarios:

  1. Chile se convirtió en el primer país de Latinoamérica que, con recursos propios, logró realizar una exploración de las características de la que acaba de concluir.
    ERROR: Argentina llega al polo sur en el año 1964 (operacion 90) y en enero de 2000 una exp. tecnico cientifica llega por segunda vez al polo sur. Tengo fotos y documentos que avalan esta informacion.
    Argentina es el primer pais de america latina que llegó al polo sur.

    Ricardo Sanchez rds_1964@hotmail.com

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  2. En referencia al comentario anterior, agregamos esta entrevista realizada al Gral. Leal quien fuera el jefe de la Operación 90, (ver: la nota completa en: http://www.revistanueva.com.ar/00702/nota01/
    Ahora, 39 años después de su hazaña, dice: “Dios nos llevó de la mano. A los diez argentinos que participamos en la Operación 90, como se llamó a la primera expedición argentina por tierra al mismísimo Polo Sur. Dios nos llevó a todos de la mano, porque de otro modo no sé si llegábamos”.
    Tiene 83 años el general Jorge Leal. Ochenta y tres años, apostura todavía marcial, tres hijos, y cinco nietos. Su mirada, acostumbrada a los horizontes desaforados de la Antártida, no necesita de anteojos. Exige:
    –Quiero que nombres a los nueve hombres que me acompañaron, por varias razones. La primera, es que sin ellos yo no hubiera llegado, ni yo ni nadie. La segunda, es porque el éxito se debió a un trabajo colectivo, de equipo, y nombrarme sólo a mí es injusto.
    Antes de continuar con el reportaje quiero hacer un comentario. Hago periodismo desde hace más de 35 años. He entrevistado a más de veinte presidentes de diferentes naciones, a cuatro ganadores del Premio Nobel, a centenares de actores, a escritores, a científicos, a artistas, a periodistas, y a gente todavía peor. Pero sólo en tres oportunidades tuve la impresión de estar reporteando a la Historia. La primera fue con el ex presidente Arturo Frondizi; la segunda, cuando me habló (y no me dio la entrevista, sólo me dijo que no) Charles De Gaulle, desde sus dos metros de altura. Y la tercera es ahora, cuando estoy frente a Jorge Leal.

    Una expedición secreta
    –¿Y por qué Operación 90 fue una expedición en secreto, Leal?
    –Bueno, en 1965 había varias razones. Los soviéticos y los norteamericanos, quienes reclaman la Antártida como suya, estaban en plena Guerra Fría. No veían con buenos ojos que otros, aunque tuvieran el derecho que tenemos los sudamericanos, anduvieran por el Polo Sur. El secreto fue por eso. Fijate que media hora después de llegar al Polo, apareció un hombre, a unos quinientos metros. Tenía abrigo azul, y nos preguntó en inglés, con desconfianza, quiénes éramos y qué hacíamos allí. Nosotros vestíamos abrigos color naranja, casi rojos. Nos vio y pensó que estaba alucinando o que éramos rusos. Le contesté preguntando quién era él (me di cuenta que era norteamericano) y quién estaba al mando. El hombre era el radarista de turno. Nos había observado por el radar y creyó que alucinaba, porque vio varios vehículos y personas en ese lugar desolado, un desierto de hielo y nieve en donde hacía una temperatura de 40 grados bajo cero y soplaba un viento de por lo menos 50 kilómetros por hora. Me contestó que el jefe de la base dormía, porque eran las dos de la mañana. Claro, el sol brilla sobre el Polo las 24 horas durante parte de la primavera y del verano. Para nosotros era el mediodía, pero en el Polo se unen todos los husos horarios, y cualquier hora es válida. Bueno, despertó al jefe de la base norteamericana, cuyos edificios estaban todos bajo la nieve, nos invitaron a pasar y nos dieron una buena comida, la primera buena comida en varias semanas. La Antártida despierta la hermandad entre los hombres. Y lo de 90, bueno, el Polo está a esa latitud sur.

    ¿Por qué ir allí?
    “Desde siempre, la Argentina reclama su derecho sobre un sector del continente antártico. Reivindicar derechos no es solamente algo que se proclama, sino algo que se ejerce. La expedición fue planeada durante dos años, hasta que los diez hombres, con vehículos especiales (llamados gatos de nieve), trineos y 18 perros esquimales se pusieron en marcha. Cuando te alejás de la costa, de nuestra península, no ves ni aves, nada, ningún ser viviente, ni animal ni vegetal, nada”, dice Leal.
    –Y llegaron a la Antártida Argentina.
    –La Antártida es argentina y a la vez, sudamericana. Desde la bula del papa Alejandro VI, en 1493, se reconoce el derecho de los países de América del Sud sobre el continente antártico, porque es la prolongación de Sudamérica, incluida la prolongación de la Cordillera de los Andes: en la Antártida hay montañas de 5 mil metros de altura. Digo sudamericana, pensando en los patriotas que soñaban con una gran patria sudamericana, pensando en San Martín, en Bolívar, en O’ Higgins, en Artigas. Europa, con la Unión Europea, nos está dando el ejemplo. Hay que unirse para ser más fuertes, y unirse para no desaparecer. Nuestro país, y Chile, y Uruguay, y Brasil, y Perú, y todos los países sudamericanos tienen derecho a la Antártida. Y nadie más, digan lo que digan en el Hemisferio Norte.

    La BBC y Radio La Habana
    El viento huracanado y el frío glacial no son los únicos peligros en la Antártida...
    –Están las grietas en el hielo, no la llamada Gran Grieta, que ya la conocíamos, sino que avanzábamos en un territorio inexplorado desde tierra, en donde el hielo podía quebrarse, y si se cae en una grieta, prácticamente significa la muerte. Los diez expedicionarios éramos expertos en la Antártida; yo había ido por primera vez en 1952, trece años atrás, y el equipo tenía también experiencia, pero ahora avanzábamos en territorio desconocido, con montañas de tres mil metros de altura, y en donde todo era blanco, y el Sol no se ponía nunca. Había que usar anteojos oscuros para no deslumbrarse y hasta era posible perder la vista si no se los usaba. Los perros eran para detectar las grietas, podían llegar y ver en donde los hombres no veíamos. De todos modos, cuando llegamos a la base argentina Sobral, los utilizamos para entrar al territorio antártico propiamente dicho, no ya hielo y mar, sino hielo y nieve, pero sobre tierra firme, y luego cuatro hombres que nos acompañaban regresaron con los perros a la Base Belgrano. Y no eran solamente las grietas, sino también las tormentas de nieve, que no te permitían ver a un metro de distancia. Y había que saber exactamente en dónde estábamos.
    –No le entiendo.
    –Claro. A medida que te acercás al Polo, la brújula ya no te sirve. No es cierto que la aguja de la brújula se ponga loca y gire; no. Pero se aplasta y ya no te sirve. Y todo a tu alrededor es blanco, sin puntos de referencia.
    –¿Y cómo se orientaban?
    –Como los navegantes, con el Sol. Pero había que saber cuál era la hora exacta. Generalmente se usa el top de las radios. Hubo un hecho curioso: las radios argentinas no llegaban, de modo que escuchábamos las únicas dos cuya potencia las hacía llegar hasta la Antártida: la BBC de Londres y Radio La Habana de Cuba. Mirá vos, tener que estar agradecidos a los ingleses y a Fidel Castro... irónico, ¿no?

    El mundo que viene
    Después de su hazaña, que se concretó el 10 de diciembre de 1965, Leal ha regresado a la Antártida en muchas ocasiones:
    –El clima ha cambiado, ¿sabés? Estuve muchas veces en la Base Belgrano y en Marambio, y jamás había truenos o tormentas. Y bueno, ahora los hay. La culpa es del mal llamado agujero de ozono, porque no es un agujero, sino el adelgazamiento de la capa de ozono. La gente del hemisferio Norte, los países muy industrializados, están cambiado el clima, y están destruyendo el mundo. Te dicen: “Nosotros no vamos a destruir nuestra industria para que no haya agujero de ozono”, y se equivocan, porque el mundo es uno y en él vivimos. Yo tengo cinco nietas. Y bien. Los hijos de mis nietas tal vez no respiren oxígeno puro, aire puro, como todavía es posible en la Antártida, y en muchos lugares de la Argentina, entre ellos, en Rosario de la Frontera, mi pueblo salteño natal.
    –¿Y qué se puede hacer?
    –Tratar, por todos los medios pacíficos posibles, de convencer a los países industrializados, como Estados Unidos, de que no hay que envenenar la atmósfera, de que hay que investigar para hallar otros medios de producir que no sean contaminantes. Es un problema serio, que ya nos afecta a nosotros y que en el futuro afectará y mucho a nuestros descendientes. Y no es que tenemos demasiado tiempo para cuidar al mundo: ya hay cambios climáticos y ya hay recalentamiento, efecto invernadero, como le llaman. Tenemos que empezar hoy, porque de otro modo puede que no haya mañana.

    Carlos Baudry / Fotos: Carlos Alfano

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