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viernes, marzo 28, 2008

Nota de Graciela Vera sobre el cambio climático

Sur y Norte
Antártida y Artico
por Graciela Vera
Periodista independiente
Publicado en http://www.uruguayinforme.com
28 marzo 2008


Muchas veces la ignorancia no sabe callar y realiza comentarios inadecuados que sólo logran desinformar y cuando la desinformación es sinónimo de permisividad para seguir dañando el planeta, es el mismo planeta el que para hacerse oír debe dar un golpe sobre la mesa.
Y no pensemos que no sabe hacerlo. Algunas veces de forma demasiado violenta; o como en el reciente caso del resquebrajamiento de un bloque de hielo en la Antártida, como un tirón de orejas más, entre los muchos que hemos recibido en los últimos años.
Y decimos que es nada más que ese tirón de orejas, porque por sí solo el hecho pasaría desapercibido.
Sin embargo la realidad es que también con una disfrazada suavidad, el cambio climático no nos deja olvidar su imparable avance y la gravedad de sus consecuencias.
Cuando muchos toman conciencia de la fragilidad de nuestro planeta y del calentamiento global que se ha montado a nuestras espaldas, aparecen mediciones –reales- de records de frío y, sin tener presente otros datos, surgen los conocedores de la verdad que menoscaban la voz de los científicos.
El invierno pasado en el hemisferio austral y principalmente en la Antártida las bajas temperaturas han marcado algunos records.
Ello no es óbice para que la Antártida siga desgranándose ante nuestros ojos.
Esta vez fue un témpano de 40 kilómetros de largo por dos y medio de profundidad que se desprendió de la plataforma de Wilkins, una base de hielo de más de 14.000 kilómetros cuadrados.
Y ésta, aunque esperada sí que fue una sorpresa, porque el resquebrajamiento de la plataforma no se esperaba hasta dentro de unos quince años, diez en los pronósticos más agoreros.
El desplome no provocará, para nada, un crecimiento excesivo del nivel del mar, no será el mayor del que hablemos; no obstante la comunidad científica está muy preocupada porque la separación del témpano de la base posibilita a otras capas que entren en contacto directo con el océano, acelerando su deshielo.
El hielo de Wilkins, la capa de hielo más grande de la península antártica, había permanecido estable durante el último siglo, hasta que en 1990 comenzó su retroceso.


En esta parte de la Antártida ya desaparecieron según datos del Servicio Británico de mediciones Antárticas, seis capas de hielo.
Al mismo tiempo que esto sucede en el sur, en el otro extremo del globo terráqueo en el invierno boreal también hizo muchísimo frío y a simple vista en el círculo polar ártico hay ahora más hielo. ¿Entonces y en este caso, debemos festejar?, después de todo el calentamiento avecinado parece haber revertido su proceso y felices por ello los profetas del optimismo, pseudo conocedores espontáneos han salido a cuestionar las advertencias antes de escuchar las alertas.
Y ahora ha sido la NASA la que ha tenido que dar el puñetazo para hacer oír las prevenciones.
A pesar de ellas, ¿Cuánto habrá que esperar para que se tome conciencia de que el planeta se calienta?
Porque los hielos que están dando lugar a tanta verborragia tranquilizadora no son más que un camuflaje que oculta una realidad nada halagüeña.
La extensión blanca que aumenta es hielo de temporada.
La superficie que ocupa el hielo ártico crece y decrece todos los años dependiendo de las estaciones. La medición media en los meses de septiembre es de alrededor de cuatro millones de kilómetros cuadrados y en marzo esa media está entre los nueve y los diez millones.
El mayor frío del invierno hizo que este año la extensión helada superara la media y llegara a los 6,27 millones de kilómetros cuadrados. Esto es casi un cuatro por ciento más que en los últimos tres años pero sigue siendo un 2,2 por ciento menos que la media de hace una década.
Ese hielo se perderá este verano y por ello lo que realmente importa a los científicos y a la humanidad, porque de ello depende buena parte de su bienestar futuro, es el hielo perenne y éste ya ha caído por debajo de todos los mínimos históricos conocidos.
Desde 1970 a 1990 su velocidad de fundición fue de 500.000 kilómetros cuadrado por década: 1.000.000.000 de kilómetros cuadrados definitivamente desaparecidos en apenas 20 años y desde el año 2000 esa velocidad se ha triplicado.
En el periodo que va entre los inviernos del 2005 y el del 2007 ha desaparecido una superficie de hielos árticos perennes igual a la superficie de los estados norteamericanos de California (410.000 km2) y Florida (170.305 km2) juntos.
Muy a pesar de las apariencias el hielo perenne actual cubre apenas el 30 por ciento de las aguas árticas cuando lo normal (al menos a lo que estuvimos acostumbrados no hace mucho) era que llegara al 50 o 60 por ciento.

¿Podemos imaginar un Ártico sin hielo durante los veranos?, en el año 2006, desde el Centro Nacional de Investigación Atmosférica y de la Universidad McGill de Canadá se advertía que si el calentamiento continuaba al mismo ritmo, en cuarenta años sólo una pequeña porción de hielo permanente se mantendría durante el verano alrededor de la costa norte de Groenlandia y Canadá.
El 26 de marzo de este año, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre la Evolución del Clima (GIEC) manifestó una gran preocupación por la aceleración del deshielo en la Antártida y, mientras en los extremos del planeta las cosas no parecen ir muy bien, el resto tampoco tiene calma.
Regiones enteras quedan inundadas mientras el agua potable se hace cada vez más escasa; los cultivos deben cambiarse de meridianos para sostener su productividad, las especies animales mudan de hábitat y el clima desestabiliza la estacionalidad.

Pero ¿por qué entre tantos males los científicos dan tanta importancia al deshielo?
¿Será porque si el calentamiento global tiene efectos sobre el deshielo, el del deshielo sobre el calentamiento global puede ser devastador?
Es fácil de comprender, el agua en espacios abiertos absorbe más luz del sol que el hielo (y la luz del sol produce calor), por lo que cuanto mayor sea la superficie de agua sin hielos, más rápido se calentará ésta y más se acelerará la tendencia al calentamiento general.

En el Ártico, en noviembre pasado, su capa de hielo tenía dos millones de kilómetros cuadrados menos, del hielo de lo que debería haber tenido.


Esta fotografía fue galardonada por el Museo de Historia Natural de Londres y se ha convertido en el icono que representa un drama que nos debe importar a todos.
Fue tomada por el fotógrafo noruego Arne Naevra que, con acierto la tituló: “Derretimiento Polar”.

Graciela Vera

Desde Almería, en el sur del norte, a 28 de marzo de 2008.

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