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viernes, marzo 06, 2009

Historias contadas por sus protagonistas

Antártida: una escuela de vida
por Marnie Chesterton y Patricia Karpovich
27-02-2009
Publicado en Radio Nederland

La Antártida es un sitio que encierra muchos misterios y un sinfín de peligros. Investigadores de todo el mundo buscan desde hace tiempo desvelar los secretos encerrados en sus entrañas congeladas. La exploración de su vasta diversidad es el principal desafío de los científicos. Los descubrimientos, avances y también los fracasos son difundidos por los más prestigiosos medios de comunicación. Sin embargo, hay un aspecto poco conocido: las relaciones humanas en el continente blanco.
El Año Polar Internacional se desarrolla desde mayo del 2007 hasta marzo del 2009. En ese marco se viene estimulando la divulgación de las labores que realizan, en diversas disciplinas, los científicos de más de 60 países.
Además, la Antártida constituye un laboratorio -único en su tipo- para el estudio del cambio climático, sobre todo en las capas polares y la banquisa de la península antártica, y el consecuente aumento del nivel de los mares.
Con temperaturas que, en ocasiones, son inferiores a los 80° bajo cero, y con vientos que muchas veces sobrepasan los 200 km por hora, los expertos asumen el desafío de descifrar y sacar a la luz los aspectos arcanos que encierra el continente blanco. Sin embargo, hay un tema del que mucho no se habla: la convivencia humana de estos hombres y mujeres destacados en las bases antárticas.

Pasatiempos
Birgit Obermüller es bióloga marina. Actualmente realiza estudios con el equipo del British Antarctic Survey en la base de investigación científica de Rothera, Antártida. Este centro está aislado de todo. En el verano cuenta con más personal y con la visita ocasional de algún que otro ingeniero o piloto de avión de carga. Sin embargo, en los oscuros e inhóspitos meses de invierno sólo permanecen unos pocos investigadores en la base. Birgit, integrante del equipo de buceo marino, investiga la microflora bajo el hielo. Desde Rothera, y a través de un teléfono satelital, Birgit Obermüller cuenta a Radio Nederland Wereldomroep cómo se vive en uno de los lugares más recónditos del planeta. ¿Cuál es su pasatiempo favorito? ¿Ayudan los juegos de mesa como las damas, el ajedrez o el monopolio para vencer la soledad?:
"En honor a la verdad, creo que jugué sólo una vez al monopolio. Lo bueno de estar aquí es que tenemos una gran zona de recreación en la que se puede esquiar, hacer snowboard, escalar o salir con los botes. Sería muy simple encerrarte en tu propia habitación y refugiarte en la computadora y no salir hasta que vuelva a salir el sol."
La mentalidad y la actitud desempeñan un papel protagónico. De todas formas, ello no es óbice para que a veces el ánimo decaiga como la propia Birgit admite:
"Claro que sí, por supuesto que a veces se atraviesa por momentos en los que se llega a decir: Dios mío, cómo me gustaría irme de aquí y ver a mi familia por unas semanas. Pero eso se supera. Afortunadamente hay un equipo de personas que te ayuda a salir de esa situación y te levanta el ánimo."
Códigos de comportamientoDurante el invierno el equipo se reduce al mínimo: 18 hombres y 4 mujeres. No hay nuevos rostros, no hay posibilidad alguna de abandonar la estación durante la constante noche antártica. Esa situación obliga a manejar otros códigos y modificar el comportamiento. Birgit lo aclara:
"Lo importante aquí es no permitir que una discusión acabe en un conflicto, las cosas hay que tratar de resolverlas lo más pronto posible porque estamos aislados, dependemos unos de otros. Necesitamos llevarnos bien entre nosotros. Desde ya que hay situaciones que te molestan o irritan, pero aprendes a aceptar las cosas tal como son, a ser más tolerante y a ayudar a los demás como si no pasara nada."
La presencia, relativamente reciente, de mujeres en la base ha ejercido una beneficiosa influencia en el comportamiento del grupo. Al respecto Birgit confirma:
"Es bueno que haya mujeres en la base, porque levanta la moral. Ha mejorado mucho la forma de tratarnos unos a otros. A pesar de que algunos tradicionalistas, invernando con nosotros, aseguraban que no se debía permitir la permanencia de mujeres en la Antártida, ahora han cambiado de opinión porque todo el mundo está contento de que haya mujeres en la base. Por supuesto, que si les preguntas a los varones te responderán que podría haber unas cuantas más, pero ¡¿Qué puedo hacer yo al respecto?!"(risas)
En este lugar inhóspito y remoto no faltan las risas. La Dra. Birgit Obermüller volverá en abril de 2009 a su mundo europeo luego de haber pasado dos años en Antártida y de haber vivido una de las experiencias más duras y a la vez más gratificantes de su existencia

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